Los vinos Mission son una producción limitada y aúnan con delicadeza lo artesano y lo profesional.

Los vinos no están adulterados con productos químicos (mas allá de un toque de sulfuroso) y todos los procesos de vinificación son completamente manuales – desde la recogida a mano de la cosecha en cajas de 18 kg, el pisado de uva para el primer estrujado, suaves bazuqueos manuales, y apretado manualmente en una prensa de cesta. Los vinos no pasan a través de bombas y reciben sólo un enfriamiento mínimo en el pico de fermentación, en caso de necesitarlo.

Todos los vinos se envejecen en barricas de roble francés neutros durante el tiempo que necesiten, con el mínimo de trasiegos y sin utilizar filtros. Como resultado, los vinos pueden tener un aspecto velado, como las cervezas artesanales, en contraposición a la pulcritud de una cerveza tipo Budweiser.

Puedo pecar de tradicionalista, pero no sin una razón. Porque aunque la industrialización ha mejorado indudablemente la calidad de los vinos producidos en masa en todo el mundo, los mejores vinos no han sido mejorados por la tecnología. Y así me adhiero a los viejos caminos.

Mi misión para hacer vino comenzó como aprendiz de bodega en los viñedos de Keermont, en Stellenbosch (Sudáfrica) donde aprendí de la fineza requerida para hacer vinos naturales de calidad excepcional. Posteriormente crucé el Atlántico Sur hacia Mendoza (Argentina) para complementar mi experiencia con procesos de vinificación convencional. La Ribeira Sacra de Galicia es donde resido actualmente, una región de gran potencial y terroir verdaderamente único.

 

Para más información, puedes ponerte en contacto conmigo a través de: zak@mission.wine